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Ser coherente con los que expresamos y hacemos

Podemos definir el término coherencia como aquella congruencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos, es decir, es una cualidad donde se evidencia la manera en cómo actuamos según las ideas, los principios y valores que cada uno de nosotros tenga y externe. 

Cuando una persona es coherente, se muestra confiable, responsable, auténtica, genera apertura de parte de los demás, e incluso se vuelven un ejemplo a seguir por la admiración que despiertan.

Muchas veces producto del estrés y de las numerosas responsabilidades que tenemos, de una forma poco consciente dejamos de lado la coherencia con las otras personas o bien con nuestros hijos, y no prestamos atención a las actitudes que manifestamos frente a ellos. Es importante que este valor de la coherencia esté inmerso en nuestros comportamientos, ya que el ejemplo que transmitamos es una de las claves para que nuestros hijos mejoren sus comportamientos; como adultos somos espejo para ellos y si no tenemos congruencia en lo que decimos y hacemos, es más complicado crear la disciplina.

Veamos algunos ejemplos concretos que nos pueden guiar en este tema de la coherencia principalmente con nuestros hijos. Si requerimos colocar reglas familiares, es necesario que ambos padres se comuniquen, lleguen a acuerdos y actúen de manera similar cuando un hijo esté teniendo comportamientos inadecuados; de esta manera el menor tendrá claridad de que va a obtener la misma respuesta sin importar a cuál de sus padres se dirija. Otro detalle es cuando por tema de cansancio, en lugar de hablar con los hijos, cedemos a pesar de que ya se había dado otro criterio, en momentos se puede negociar pero debemos analizar con detenimiento pros y contras, asumiendo las respuestas de nuestros hijos, ya que decir algo hoy y hacer otra acción diferente, genera confusión y puede que hasta irrespeto de parte de ellos.

Algunas recomendaciones que podemos ir poniendo en práctica diariamente y que podrán ayudarnos como inspiración a la coherencia son las siguientes:

1.    Entablar conversaciones con personas que hemos observado tienen coherencia y lo hacen con gran facilidad.

2.    Revisarnos emocionalmente y ver qué situaciones nos desordenan la estabilidad. Partiendo de ahí, podemos enfocarnos en esa emoción particular, es importante empezar de adentro hacia afuera.

3.    Tener cuidado con lo que expresamos, si nos contradecimos muy seguido puede que necesitemos ayuda profesional para resolver los problemas internos.

4.    Asumir la responsabilidad de lo que decimos y hacemos, así demostraremos confiabilidad y que a pesar de las equivocaciones enfrentamos las consecuencias.

5.    Tener una escala de valores como guía, así se pueden determinar los límites que nos ponemos en cuanto a la coherencia personal.

6.    Tener flexibilidad y estar atentos cuando sea necesario ceder en algunos aspectos, nos vamos a equivocar pero lo importante es tomar acciones correctivas.

7.    Centrarnos en uno o dos comportamientos para cambiar siendo claros y conscientes de lo que hacemos, y no intentar modificar varios al mismo tiempo.

8.    Revisar y adecuar rutinas básicas y simples, así se va creando una disciplina tanto personal como en las personas que nos ven y nos toman de ejemplo.

9.    Ser constantes, es decir que mantengamos el mensaje hasta el final, es complejo pero posible, así se observará que lo que se dice también se hace.

No juzgarnos, sino avancemos, implementemos cambios pequeños pero constantes, que de esos detalles surgen grandes transformaciones.

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Licda. Carolina Blanco Vargas

Psicóloga. Para consultas: 8846-7110

Carolina-bv@hotmail.com