Opinión del director: Profesional…¿Profesional?
Vamos a hablar de educadores y médicos, aunque podríamos hacerlo de muchos otros casos. Antes, cuando se le ponía el título a una persona de profesional, eso era símbolo de respeto, conocimiento, autoridad. Hoy en día, y a causa de tanto centro de enseñanza de segunda y tercera clase, miles se acreditan de profesionales, aunque no todos con el conocimiento y el respeto por su profesión, que la palabra amerita.
Ahora bien, lo que es peor, independientemente del centro educativo donde se hayan graduado, hay profesionales, ya por una situación personal, que se alejan mucho del comportamiento que debe tener quien ostenta un título que le da autoridad y conocimiento sobre alguna materia.
La educación es una de las profesiones más lindas, más duras en cuanto a la necesidad de entrega por parte del profesional y que por eso requiere como principal requisito: vocación. Por dicha, todavía queda un buen porcentaje de educadores que aman lo que hacen. Los otros, solo cobran el salario. Hablo de esa vocación que tenía mi maestra hace poco menos de seis décadas, que sentía preocupación por el estudiante, que cuando había un problema conmigo, llegaba hasta tocar las puertas de mi casa, para hablar con mi mamá (en su tiempo libre).
Hoy en día es otra cosa, por un lado, maestros que no aceptan el reto de un chico difícil y lo único que pretenden es quitárselo de encima, y por otro lado protocolos del MEP, siento que hechos por personas que no tienen ni siquiera idea de lo que es tener un hijo, que empoderan al alumno y a sus padres para que les falten el respeto las veces que les dé la gana, a sus maestros y a sus mismos compañeros y al final siempre lo mismo, la impunidad.
Vamos mal en este país, así como la justicia inventa e inventa leyes para proteger a los delincuentes, en educación les damos visa a los estudiantes para ser violentos, malcriados e irresponsables. Si alguna vez el MEP hiciese un congreso, uno de verdad, no esos que se inventan los sindicatos para darles días libres a los maestros, y les preguntaran y les permitieran a los maestros y profesores hablar con libertad, se darían cuenta de lo mal encaminada que está la educación en nuestro país. También se darían cuenta de la mediocridad de muchos directores y supervisores, que literalmente, están pintados en la pared porque no hacen su trabajo.
Hablo también, dentro de los miles de ejemplos que podría poner, de los médicos, y en este caso de los que están con la Caja del Seguro Social. Hablo de esos médicos que no se mueven de su escritorio, ni siquiera para escuchar tus pulmones y tu corazón, o el motivo de alguna molestia que tienes. Igual, no todos, pero sí muchos son así. ¿Acaso no están tratando con la vida de las personas? ¿Acaso es un servicio gratuito? No, hemos pagado por él durante todos los años activos de nuestras vidas y aunque no fuera así, un médico que no lleva la vocación en su sangre, es peligro de muerte para un paciente que está realmente enfermo. Son de esos que te envían a la casa una y otra vez, y luego te mueres en la casa, porque el incompetente no supo diagnosticar la gravedad de tu mal.
También entran en esto los enfermeros. Recuerdo que cuando mi suegra agonizaba, mi esposa tenía que oír cómo cerca, en los pasadizos, los enfermeros hacían gala de fiestas, pachangas y cosas personales y en ese mismo sector, se dio que la persona que parecía más sana entre las internadas, de la noche a la mañana, aparentemente después de un procedimiento que le aplicaron, sencillamente, murió. A aquella señora nadie la visitaba, el asunto quedó en el olvido, seguramente.
Quienes dirigen los colegios profesionales en este país, tienen el deber, la obligación y el compromiso de velar por la calidad de los profesionales que se están graduando, y principalmente en las materias que tienen que ver, de una u otra forma, directamente con la vida de las personas.
Termino con una pregunta: ¿Cuántos delincuentes, muertos o en la cárcel, u hoy en la calle, tal vez hubiesen tomado un camino diferente, si su maestro, en lugar de aislarlo o quitárselo de encima, hubiese hecho el intento de salvarlo del destino cruel que le esperaba?
Meditémoslo, el profesionalismo no es un premio que viene envuelto en una tableta de chocolate.






















































































































































































































































































