En el mes de la Patria…Deseos para Costa Rica de una niña «¿comunista?»

«La grandeza de una república no reside en la estridencia de quienes gobiernan, sino en los anhelos de dignidad de su gente y en los límites que la ley le impone al capricho del poder”
Por Jaime E. García González *
Para el Coronadeño Hoy
Keyla Chavarría Jiménez tiene ocho años. No habló de ideologías ni de partidos. Habló de respeto, diálogo, justicia, libertad y paz. Quizá por eso su discurso resulta tan incómodo en la Costa Rica de hoy.
Hay discursos que requieren asesores, estrategas y horas de preparación para decir muy poco. Y hay otros que una niña de segundo grado pronuncia en unos minutos y que, sin proponérselo, terminan dejando en evidencia a muchos adultos.
Eso ocurrió el 1.º de setiembre, en el parque de San Isidro de Coronado, durante la apertura del Mes de la Patria.
Esta niña habló de democracia, pero no de una democracia reducida a votar cada cuatro años ni de una patria convertida en bandera, himno y ceremonia. Habló de la democracia cotidiana, aquella que exige respeto, diálogo, tolerancia y capacidad para convivir con quienes piensan diferente.
“La democracia no solamente se hereda, también se cuida”, dijo. Cuánta razón. La democracia no es un objeto que recibimos de nuestros padres y abuelos para conservarlo en una vitrina. Es una construcción cotidiana que puede fortalecerse, pero también deteriorarse, cuando se desprecia la crítica, se ridiculiza al adversario o se confunde la discrepancia con la enemistad.
Keyla explicó cómo se aprende la democracia: “Aprendemos democracia cuando vemos que las personas pueden pensar diferente y aún así se hablan con respeto”. No pudo haber escogido un momento más oportuno para decirlo. Mientras ella hablaba de respeto, en la política costarricense se ha normalizado un lenguaje de confrontación, etiquetas y enemigos.
El 12 de agosto, el ministro de Justicia y Paz, Gabriel Aguilar, se refirió a quienes criticaban el programa Cero Ocio como “abolicionistas”, y “zurdos, algunos de clóset,” y afirmó: “que ya los tenemos identificados”. Posteriormente explicó que se refería a espacios de opinión, sectores académicos y organizaciones de derechos humanos, y a la manifestación pública (plantón) realizada el pasado 6 de agosto.
La aclaración podrá explicar el contexto, pero no elimina una pregunta incómoda: ¿desde cuándo un ministro de Justicia habla de quienes critican una política pública como personas que tiene “identificadas”?
Keyla, desde luego, propone exactamente lo contrario: “Enséñennos que podemos estar en desacuerdos sin convertirnos en enemigos”. Las diferencias políticas son normales en una democracia. El problema comienza cuando el desacuerdo deja de considerarse legítimo y el adversario es presentado como una amenaza. Una democracia no necesita ciudadanos que piensen igual, sino ciudadanos capaces de pensar diferente sin convertirse en enemigos.
La niña también dijo: “Aprendemos democracia cuando en lugar de gritar e insultar, escuchamos y dialogamos”. Aquí el contraste con determinados discursos políticos resulta evidente. El expresidente Rodrigo Chaves defendió su “estilo fuerte y confrontativo” y sostuvo que esa confrontación había sido “indispensable”.
Puede defenderse políticamente ese estilo. Lo que no debería hacerse es confundirlo con la esencia de la democracia. La confrontación puede formar parte de la política y el desacuerdo puede ser radical; pero ninguna democracia saludable necesita convertir al adversario en un enemigo al que hay que humillar, insultar o deshumanizar. La confrontación puede ser parte de la política. El desprecio no es parte de la democracia.
Por eso otra frase de Keyla debería incomodar especialmente a los adultos: “Enséñennos con su ejemplo”. Los niños aprenden democracia menos de los libros que de lo que observan hacer a los adultos: cómo reaccionamos ante una crítica, cómo tratamos a quien nos contradice y cómo responde el poder a una pregunta incómoda. Aprenden, en definitiva, que la democracia no consiste solamente en votar.
Keyla pidió también: “Enséñennos que nuestras palabras pueden construir en lugar de lastimar”. Las palabras de quienes ejercen el poder no son inocentes. Pueden tender puentes o profundizar divisiones. La violencia política no comienza necesariamente con un golpe; a veces empieza con el lenguaje: se etiqueta, se ridiculiza, se deshumaniza y termina justificándose la exclusión.
La niña habló además de paz: “La paz no significa solamente vivir en un país sin ejército; significa también aprender a convivir, perdonar, escuchar y resolver nuestras diferencias sin violencia”. Costa Rica puede sentirse orgullosa de haber abolido el ejército, pero la paz es mucho más que su ausencia. También significa no convertir al adversario político en enemigo nacional; permitir que un académico discrepe, que un periodista pregunte o que un ciudadano proteste sin ser automáticamente etiquetado como “zurdo”, “comunista” o “antipatriota”. Eso también es democracia.
Por eso resulta tan poderosa otra de sus afirmaciones: “Todas las personas merecen ser tratadas con dignidad”. Todas. No solamente quienes votaron por nosotros, quienes nos aplauden o quienes comparten nuestras ideas: ¡Todas!
La niña invitó también a honrar la bandera viviendo los valores que representa: “respeto, paz, justicia y libertad”. Y ahí está el corazón de su mensaje. La bandera no pertenece al Gobierno de turno, a un partido ni a una ideología. La bandera es de todos: de quienes gobiernan y de quienes se oponen, de quienes aplauden y de quienes critican.
¿Será Keyla “comunista”?
La respuesta, por supuesto, es no. Keyla no habló de Marx, socialismo, capitalismo, propiedad privada ni lucha de clases. Habló de democracia, respeto, paz, justicia y libertad: valores que deberían poder defenderse desde cualquier corriente política democrática.
Entonces, ¿por qué utilizar la palabra “comunista”? Precisamente porque la pregunta revela hasta qué punto hemos degradado nuestro debate público. Hoy defender la justicia puede ser considerado “comunista”; pedir respeto, “progre”; defender los derechos humanos, “izquierdista”; cuestionar al poder, “enemigo”; y exigir diálogo, ingenuidad.
Keyla, afortunadamente, todavía no parece conocer esas etiquetas. Quizá por eso puede hablar con una libertad que muchos adultos han perdido. No parece haber aprendido que para ganar una discusión primero hay que destruir al adversario. Simplemente cree que los adultos deberían comportarse como adultos. Y eso puede resultar extraordinariamente subversivo.
Al concluir su intervención, dijo: “Defendamos siempre el respeto, construyamos juntos una cultura de paz”.
Después de escucharla, cabe preguntarse qué clase de Costa Rica estamos construyendo los adultos para las actuales y futuras generaciones. ¿Una donde disentir sea un derecho o una provocación? ¿Donde la crítica al poder sea parte de la democracia o una traición? ¿Donde los adversarios puedan conversar o donde cada diferencia termine convertida en una batalla?
Keyla ya escogió: escogió la democracia, el diálogo, la paz, el respeto, la justicia y la libertad. Y lo hizo sin insultar a nadie. Por eso la pregunta final ya no es si Keyla es “comunista”. Es mucho más incómoda: ¿Qué tan democráticos somos los adultos si necesitamos que una niña de ocho años nos recuerde cómo se comporta una democracia?
Quizá este Mes de la Patria deberíamos preguntarnos si estamos a la altura de lo que nuestra bandera significa. Porque Keyla ya hizo su parte: nos recordó que la democracia se cuida, que el adversario no tiene que convertirse en enemigo, que las palabras pueden construir o destruir y que la libertad pierde sentido cuando solo estamos dispuestos a concedérsela a quienes piensan como nosotros.
Tiene ocho años, pero esta niña ya sabe algo que muchos adultos parecen haber olvidado: Costa Rica no necesita más trincheras. Necesita más ciudadanos capaces de encontrarse fuera de ellas.
Este es el deseo de Keyla para la patria. Y también, la advertencia más severa para quienes ostentan el poder.
*Dr. sc. agr.Profesor catedrático jubilado de la UCR y la UNED
Miembro de la Red de Coordinación en Biodiversidad (RCB) y de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina (UCCSNAL)
biodiversidadcr@gmail.com














































































































































































































































































































