Los inicios del Liceo de Coronado
El Profe León, el fútbol y los recuerdos inolvidables
II Parte
Durante los años colegiales muchos tuvimos la oportunidad de conocer a un gran ser humano, un magnífico profesor y, sobre todo, un maravilloso amigo: don Jorge León Azofeifa.
El profe tenía un gran pegue con todas las generaciones. Era estricto, pero al mismo tiempo cercano y respetuoso. Cuando llamaba la atención, lo hacía de manera que sus palabras quedaban grabadas como verdaderos consejos de vida.
Sus clases de Educación Física eran tan entretenidas que una hora se nos hacía corta. Nos enseñó deportes que muchos apenas conocíamos: béisbol, atletismo, voleibol, balonmano y, por supuesto, fútbol.
Durante el primer año organizó un campeonato entre secciones en la cancha aledaña al Liceo. Más adelante, para formar la selección de fútbol, hacía partidos cortos entre todos los que quisieran participar. Al final casi siempre quedábamos los mismos, porque muchos ya jugábamos en equipos locales como Palmeiras y Bretaña.
Una anécdota que nunca olvidé ocurrió durante una clase de Educación Física. Mientras corríamos, el profe me detuvo y me explicó que mi forma de correr no era correcta porque llevaba los brazos extendidos junto al cuerpo. Me puso el ejemplo de los remos de un bote: así como sirven para impulsarlo en el agua, los brazos ayudan a dar fuerza y equilibrio al correr. Me enseñó a doblarlos a la altura del pecho. Fue un consejo sencillo, pero que atesoré toda mi vida.
En las clases de fútbol nos pedía llevar un balón a cada uno para enseñarnos a dominarlo, correr con la pelota pegada al pie y levantar la cabeza al jugar. Eran enseñanzas que muchos aplicamos después en innumerables partidos.
Fue en la selección de fútbol donde más compartimos con el profe. Con él participamos en torneos colegiales y festivales deportivos organizados por distintos liceos del país.
Jugamos en el festival del Colegio Don Bosco, en el del Colegio San Francis y en el del Liceo de Escazú. También logramos disputar partidos amistosos contra la reserva del Deportivo Saprissa y del Club Sport Herediano.
Contra Saprissa empatamos uno a uno en la cancha anexa que existía entonces. Aquella noche Giovanny Rodríguez, entrenador morado, felicitó al profe por el gran equipo que tenía. Contra Herediano ganamos tres a cero en el estadio Eladio Rosabal Cordero.
El profe siempre estuvo pendiente de nosotros, no solo dentro de la cancha, sino también fuera de ella. Se preocupaba porque regresáramos seguros a casa, porque descansáramos y porque estuviéramos bien alimentados durante los festivales.
En Don Bosco alcanzamos el subcampeonato en 1977 frente al Liceo Jesús Ocaña de Alajuela, en un partido muy disputado que terminó empatado y perdimos en penales. En el festival del San Francis fuimos eliminados injustamente después de golear al equipo anfitrión, alegando que algunos jugadores no pertenecíamos al Liceo, algo totalmente falso.
Otra anécdota inolvidable ocurrió en el festival del Liceo de Escazú. Después de un partido, unas alumnas acusaron falsamente a Juan Alberto Mora de exhibicionista. El profe, muy estricto, decidió expulsarlo de la selección, pero todo el equipo se unió para explicarle la verdad y finalmente reconsideró su decisión. Ese torneo terminamos ganándolo.
El respeto entre el profe y sus alumnos siempre fue mutuo. Incluso bautizó el Barrio Los Álamos, donde vivíamos varios jugadores de la selección y también familiares de su esposa, como el “Barrio Grano de Oro”.
En undécimo año, como nuestra sección era bastante indisciplinada, el director don Jesús Azofeifa decidió nombrar al profe como guía del grupo. Desde el primer día impuso orden. Al finalizar el curso nos invitó a celebrar la fiesta de graduación en su casa de Santa Rosa de Santo Domingo.
Con los años terminó nuestra etapa colegial, pero las enseñanzas del profe permanecieron intactas. Cada vez que los exalumnos recordamos aquellos días, inevitablemente aparece su figura: la del profesor exigente, amigo, guía y formador.

Muchas gracias, señor profesor don Jorge Luis León Azofeifa, por sus enseñanzas, consejos y, sobre todo, por su amistad.





















































































































































































































































































